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A mi hermana mayor,
que todo esto lo ha vivido en primera persona
y que, conoce como pocos, todo lo sucedido.
Sin ella, nada de esto se hubiera podido escribir.
 

El 13 de Septiembre de 2004 Pedro Quesada compra a OLEOLIVA 9 millones de kilos de aceite a 2.223,74 euros tonelada  a un precio total  de 20.013.660 euros. Almarazas, a través de él, da una señal de 900.000 mil euros. El pagaré está firmado por Pedro Quesada y Narciso Reina. Ese mismo día, unas horas después, Almazaras vende esos 9 millones de Kilos a  OLIGRA a 2.295,87  a un precio total de 20.662.830 euros. Por tanto, en la operación hay una ganancia de 649.170 euros. Como consta en la sentencia 109/13, los miembros del Consejo Rector no tuvieron noticia de esta operación a excepción de quien, con Pedro Quesada, había firmado el pagaré de la señal. Precisamente, Fermín Jiménez, el presidente de Almazaras, se encontraba el 13 de Septiembre de vacaciones y no se le comunica la firma de estos contratos. Al regreso de las vacaciones convoca el día 6 de Octubre a la Junta Rectora donde todos sus miembros, a excepción del Secretario, mostraron su desacuerdo con que Almazaras realizara este tipo de operaciones. Pedro Quesada expuso entonces que la señal estaba fijada, que el contrato estaba firmado y que, de no ejecutarse el contrato,  no sólo se perdería la señal sino también la ganancia que con esa operación tendría Almazaras, lo cual habría de ser explicado luego a los socios de las Cooperativas.  En aquel momento,  aún no podía saberse la trama que se estaba formando y, por tanto, se decidió seguir adelante con los contratos firmados.

Bien. Este suceso marca ya el modo de proceder de la trama que se estaba constituyendo, guiada por Pedro Quesada, para robar dinero a Almazaras. El truco del engaño es viejo y, sin embargo, sin duda,  los artífices del mismo pensaron que bastaba con la pericia de saber presentar las cosas a la Rectora para poder llevarlo a cabo: fingir falsos contratos, llevarse el dinero de compraventas fraudulentas y tapar el modus operandi con una contabilidad falsificada y con la promesa de beneficios a largo plazo. En esto consistió la destreza y, al mismo tiempo, la trampa, de los artífices de la trama de corrupción. Pero, como puede comprenderse,  una sola persona, por muy ingeniosa que sea, no puede crear por sí sola una trama de corrupción: ¡necesita de la complicidad de otros! En este caso Pedro Quesada actuó en connivencia con administradores de empresas y corredores. En concreto, con José María García Mellado, representante de OLIGRA, y con  Enrique Fuentes Padilla, representante de OLEONOSTRUM.

El 17 de Noviembre Pedro Quesada vende de nuevo a OLIGRA 2.400 Tm. de aceite a 2.193,694 euros/Tm. poniendo OLIGRA una señal de 144.242,40 euros. La señal fue pagada  a través de tres pagarés. El aceite habría de ser retirado a razón de 30 Tm. mensuales desde Febrero a Septiembre del 2005. Enrique Fuentes Padilla cobró por esta operación, en concepto de corretaje, la suma de 25.098,04 euros que abonó Almazaras sin que OLIGRA por su parte pagara corretaje alguno.  Sobre el 31 de Diciembre de 2004 se firma un nuevo contrato por el que OLIGRA vende a Almazaras 2.400 Tm. de aceite a un precio de 2404,04 euros. El  primero de los contratos es el denominado 19/2004 y el segundo el denominado 56/2004. OLIGRA  fija una señal de 649.092,56 euros que paga Almazaras. Pues bien, en el contrato consta que la entrega se realizaría también a razón de 30 Tm. mensuales, pero de abril a noviembre del 2005. De esta forma, sin mover el aceite, Pedro Quesada vuelve a comprar el aceite que había vendido y no servido a Oligra perdiéndo los 649.170 euros. Si se recuerda esta cantidad de dinero es la misma que, en principio, habría ganado Almazaras por la venta de los 9 millones de Kilos en el contrato anterior realizado el 9 de Septiembre.

El 3 de Enero de 2005 se emiten dos pagarés  de 48.080,80 euros cada uno, el 4 de Enero, otro de 152.930,96 euros y otro el 25 de Enero de 400.000 mil euros. La suma total de los cuatro pagarés es de 649.090 euros que pagó Almazaras a OLIGRA. Al mismo tiempo, se firma un documento el 31 de Diciembre de 2004 de cancelación e indemnización de los dos contratos suscritos entre Almazaras y OLIGRA en el cual se consigna que Almazaras tenía que devolver los 144.242,40 euros que OLIGRA había dado como señal en el primer contrato, más una idemnización por cancelación de 504.850,17 euros. Si se observa la cifra total a devolver es, justamente, también de 649.092,57 euros. De esta forma, la cantidad dada de Almazaras a Oligra queda consignada como gastos de indemnización por cancelación de los dos contratos que no se ejecutaron. Como recoge la sentencia “Pedro Quesada y José María García Mellado  se hicieron con la cantidad de 649.0990 euros que fue cobrada por OLIGRA y que pagó Almazaras de Priego” (p. 22).

Pero aquí no queda el asunto, porque, paralelamente, OLEONOSTRUM, a través de Enrique Fuente Padilla, actuó como intermediaria -intermediaria de contratos fantasmas- llevándose  la cantidad de 100.392,99 euros. La factura, fechada el 3 de Enero de 2005, aparece con el siguiente concepto: “Nuestros servicios de corretaje en el contrato 04/19 de venta de Almazaras de Priego a Oleolícola Granadina y posterior venta de Oleolícola Granadina a Almazaras de Priego”. Queda claro que el corretaje se hace tanto por el falso contrato donde Almazaras vende a OLIGRA el aceite, como por el falso contrato donde OLIGRA vende el mismo aceite a Almazaras, pero aquí, como reza en la sentencia, la cantidad es pagada únicamente  por Almazaras. Pero tampoco esto termina aquí: el 31 de Diciembre  de 2004 de nuevo Pedro Quesada celebró un contrato por el que Almazaras vendía 2.400 Tm. a ACEITES MAEVA . Pues bien, a diferencia de los contratos hechos con OLIGRA, este tiene que ejecutarse y así, para poder servir el aceite, Pedro Quesada compra 500 Tm. a AGRIGEST. Pero, en esta compraventa, Almazaras tiene una pérdida de 98.760,33 euros porque compra el aceite a 40 Ptas/kilo más caro a AGRIGEST que lo vende a MAEVA. Sirve, por otra parte, 434.980 Kg. del aceite existente en las bodegas de la Cooperativa de Brácana y la Purísima. El resto del aceite, hasta completar las 2.400 Tm. no podía entregarse, porque no había ya de donde sacar el aceite. Entonces, MAEVA vende a Almazaras 1.600 Tm. de aceite, pero más caro que MAEVA lo había comprado a Almazaras, por lo cual Almazaras paga a MAEVA la cantidad de 622.832,06 euros que otra vez computan como perjuicio directamente a Almazaras. Y a estas dos cantidades todavía hay que sumar otra: la de 6.814,40 euros que es la cantidad que José María Abascal cobró por el corretaje de estas operaciones entre Almazaras y MAEVA.

Pues bien, estos contratos, estas compraventas de aceite, estos movimientos fraudulentos, se hicieron a espaldas de la Rectora. El contrato con OLEOLIVA y la firma del pagaré correspondiente a la señal fue firmado exclusivamente por Pedro Quesada y Narciso Reina, como hemos dicho, cuando el Presidente estaba de vacaciones. Como dicta la sentencia: “No consta que al tiempo de la firma de dichos contratos –el contrato con OLEOLIVA y con OLIGRA– los miembros del Consejo Rector de Almazaras de Priego tuvieran conocimiento de los mismos, a excepción del Secretario, Narciso Reina, que firmó el pagaré para el abono de la señal” (p. 20).  La catarata de contratos que se realizaron con fecha del 17 de Noviembre se hicieron todavía con métodos más fraudulentos: los contratos que Almazaras firma con OLIGRA –el llamado 19/2004 y el 56/2004 –se hacen con “desconocimiento del Consejo Rector de dicha entidad”. También se hace a espaldas del Consejo Rector la firma y entrega de los cuatro pagarés citados que son entregados a OLIGRA. ¿Cómo puede ser esto? La respuesta es sencilla: una de las firmas es de Pedro Quesada pero la otra es una falsificación de la firma del Presidente sin consentimiento de este (p. 21). Lo mismo se hizo con el pagaré que cubría los gastos de cancelación de los contratos. Como reza en la sentencia, Pedro Quesada, aun sabiendo la falsificación de las firmas, entregó a las respectivas empresas los pagarés para su cobro. Esto prueba suficientemente, tal y como concluye de nuevo la sentencia en este apartado, que Pedro Quesada, junto a José María García Mellado y Enrique Fuentes Padilla “actuando de común acuerdo, idearon hacerse con determinadas cantidades de dinero a cargo de Almazaras para lo cual realizaron operaciones ficticias” (p. 20), y que estos hechos probados se hicieron porque él contaba con el dominio de la actividad contable, informática, de gestión y ordenación de pagos (cfr., p. 23).

El 12 de Septiembre de 2003 Pedro Quesada entró como gerente de Almazaras, un año más tarde, el 13 de Septiembre de 2004, firmó el contrato con OLEOLIVA. Inició así una serie de contratos y acciones fraudulentas falsificando firmas en connivencia con otros representantes de empresas para hacerse con el dinero de los socios de las Cooperativas que integraban Almazaras de Priego. La sentencia que comentamos deja muy claro quienes son los responsables, quienes se llevaron el dinero de Almazaras y quienes lo hiceron actuando a la sombra de la Rectora para apropiarse de lo que era de todos los cooperativistas. La sentencia no deja lugar a la duda y así lo dice expresamente después de las investigaciones de un largo juicio donde las declaraciones ocuparon  7 días: “La Sala ha llegado al convencimiento de que Pedro Juan Quesada Comino se puso de acuerdo con José María García Mellado y con Enrique Fuentes Padilla, para hacerse con las cantidades de dinero ya mencionadas, coincidiendo con ese beneficio que Almazaras de Priego iba a obtener con la reventa del aceite. Y para conseguir tal finalidad, dichos acusados simularon realizar las operaciones que se describen en el relato fáctico, consiguiendo obtener la referida cantidad pagada por Almazaras de Priego”. También es claro que las falsas compraventas de las 2.400 Tm. de aceite se hicieron a escondidas de la Junta Rectora que sólo pudo saberlo tras la intervención de la empresa NOVAGES en la persona del Sr. Garach (cfr., p. 36), y, especialmente, como también afirma la sentencia, se ocultó “en particular el documento de cancelación, el cual es conocido por Almazaras de Priego con ocasión de su aportación por OLIGRA en la audencia previa del procedimiento civil instado contra esta Cooperativa por OLIGRA” (p. 36). Por último, y como conclusión, Pedro Quesada no informó al Consejo Rector de las operaciones que realizaba ni de la situación económica y contable de la Cooperativa (cfr. 36). Vistas así las cosas,  con los datos de las pruebas periciales y con las investigaciones llevadas a cabo a lo largo del juicio, queda completamente probado para la Justicia que los únicos responsables de los fraudes son el gerente y aquellos que actuaron concertadamente con él. A ellos se les ha condenado a prisión, a multa –a devolver solidariamente la cantidad que había sido robada a Almazaras– y a parte de las costas del juicio. Los demás imputados, miembros de la Junta Rectora, quedan completamente absueltos de cargos.

Desde la investigación judicial resulta irónico que Pedro Quesada en el Informe de Almazaras presentado el día 12 del Abril del 2005, donde pone su cargo a disposición del Consejo Rector y donde le inquiere al Presidente el conocer el rumbo que la Rectora quiere darle a la Cooperativa, diga lo siguiente: “A veces me planteo que los deseos de alguna gente son simplemente hundir la empresa, con lo que si esto es así me gustaría saberlo con antelación porque por supuesto yo no voy a ser partícipe del desplome de nuestra empresa” (p. 2 del citado informe). Es curioso que quien ya sabía sobradamente que la empresa estaba hundida, porque él la estaba hundiendo, diga, con esa falsa moralidad, que no quiere ser partícipe de la ruina de la empresa. Detrás de esta actitud, como aparece también en el citado informe, está su petición para que la Junta Rectora avalara una nueva línea de crédito para hacer frente a nuevos contratos que él había suscrito con otra empresa: JARAOLIVA. Este informe es leído por Pedro Quesada el mismo el día en que tiene lugar la Reunión del Consejo Rector en la que se le exige, por la mayor parte de la Junta, que “el dinero procedente de la venta de aceites de la producción de las cooperativas se destine integramente a repartos y no a financiar las compra-ventas” (p. 2).

Aun hechas las operaciones a espaldas de la Rectora, aun falsificando los datos de la contabilidad, aun sabiendo que el camino de vender y comprar aceite con contratos falsos era ya muy corto, aun habiendo cometido otras irregularidades  –tales como el uso de una tarjeta de crédito que no había sido autorizada ni por el Presidente ni por el Tesorero, la apertura, a pesar de lo acordado, de una cuenta corriente en la Caja Rural de Córdoba en Fuente Tojar falsificando de nuevo las firmas del Presidente y del Tesorero–, aun reservando información de actividades que se hacían a espaldas de la Junta –tales como el filtrado de aceite para su venta al por mayor cuando todavía no estaban ni terminadas las obras de las nuevas instalaciones ni se contaban con los permisos ni los seguros requeridos para esa actividad–, aun todo esto, y algunas cosas más, el gerente tuvo la desfachatez de presentarse como el garante de la viabilidad de Almazaras y acusar de querer hundir la empresa a quienes exigían explicaciones y claridad en las cuentas y a quienes le pedían que no se desviase de los objetivos de una Cooperativa de 2º Grado. En aquella Reunión de la Junta Rectora, como en otras tenidas anteriormente, queda reflejado en las actas quién mantuvo una posición crítica con el Gerente, quién lo apoyó y quién no se opuso, al menos, a su forma de prodecer con la gestión de Almazaras.

Sólo a título de ejemplo diré que ya en la Junta del 21 de Febrero del 2005, según reza en las actas, el Presidente dijo al Gerente que no quería deudas para los socios de Almazaras ante la insistencia de este de tener que financiar los muchos gastos de la Cooperativa y también ante la insistencia  de comprar aplazadamente más aceite. En esa misma reunión el Presidente, tras revisar las cifras dadas, le dijo al Gerente que a él no le salían las cuentas y que donde él decía “ganancias”, había, sencillamente, “pérdidas”. En el acta del 22 de Marzo, al explicar los contratos de compra-venta y la situación financiera en la que se encuentra la empresa, el Tesorero expresamente dijo a Pedro Quesada que se estaba perdiendo dinero y que, por muchas vueltas que se le diera al asunto, no se podía ganar sino perder cuando se vendía aceite envasado por debajo del precio de la venta a granel.  En la citada acta del 12 de Abril, se le exigió, por parte del Presidente, que no utilizara las instalaciones y que cesera en su actividad “inversora”. Un mes más tarde, el 24 de Mayo, cuando Pedro Quesada reprocha al Presidente el perjuicio económico que supone para la empresa el estar apartada del mercado a causa de la decisión aprobada en la Reunión del 12 de Abril, este reponde que  no se pueden hacer ventas de aceite sin saber las existencias exactas que tiene Almazaras y sin poner al día los pagos y cobros que quedan pendientes.

No es fácil, han de comprender mis lectores, cuando todavía no se tenía noticia de los fraudes conocidos y sólo podía enjuiciarse las acciones del gerente a través de los informes que presenta el propio gerente, los cuales estaban desactualizados y falsificados, y cuando una parte de la Junta Rectora apoyaba sus decisiones y su modo de proceder, abrirse paso,entre tanta confusión, para determinar con exactitud el engaño al que la Junta Rectora, a excepción de quien todo lo sabía, estaba sometida. Sin embargo, en la lectura de las actas uno puede comprender que una parte de la Junta Rectora era beligerante con las decisiones y acciones poco claras del gerente y otra que, al menos,  consentía con ellas. Es curioso, y será el motivo de mi próxima entrada, como, injustamente, aquellos que desde un principio fueron más críticos con el gerente, se conveertirían en el blanco de una Asociación, que arrogándose un derecho de representación que no tenía, los acusó de haber contribuído al delito de la mayor estafa en la compra y venta de aceite de la comarca de Priego.