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Queridos alumnos:

Vuelvo a este espacio personal, que ya tenía casi olvidado, para deciros algunas de las cosas que, en la precipitación de los acontecimientos que nos ha traído esta crisis, ya no os pude decir. Fueron los últimos días de clase tiempo de exámenes y de pruebas y fueron nuestros primeros días de confinamiento tiempo de correcciones, de notas y de intentar que, desde casa, siguierais trabajando. Y ahora, ya después de unos días llenos de extrañeza y, quizás, alegría empezamos a darnos cuenta de la excepcionalidad de la situación que estamos viviendo. Efectivamente, el que casi toda actividad haya sido suspendida, el que hayamos hecho de nuestras casas el lugar limitado donde estar, el que hayamos visto de qué modo, en los primeros días, la histeria se apoderó de parte de la población con el acopio de cosas, el que tengamos que debatirnos como sociedad con un enemigo que es a nuestros ojos invisible, el que no sepamos exactamente cuando llevamos a ese enemigo dentro y cuando lo expulsamos fuera, el que hayamos sufrido, en el conjunto de nuestra sociedad, la suspensión de una libertad fundamental como es la del libre movimiento, el que veamos por primera vez cómo una pandemia está alcanzando vertiginosamente los rincones de todo el mundo, el que veamos de qué manera este huésped enemigo está poniendo en jaque a la sanidad, uno de los pilares del bienestar, y, sobre todo, el que se nos presente la muerte principalmente de nuestros mayores de manera tan descarnada, todo esto hace que hayamos perdido ese horizonte de normalidad en el que parecía que nuestra vida estaba instalada y asegurada.

   Ciertamente, aún no sabemos si estos días habrán de ser recordados como un paréntesis dentro de esa normalidad y, por tanto, volveremos a retomar las cosas donde se quedaron o si, por el contrario, este tiempo va a suponer un cambio drástico en nuestro modo de vivir. En cualquier caso, pensando en vosotros, hay una cosa que quisiera que tuvierais clara: este tipo de aislamiento y de soledad no puede pasar en balde. Es un  momento importante para el aprendizaje. Es un momento, si me permitís que lo diga tal y como lo pienso, privilegiado para aprender.  Y cuando digo “aprender” evidentemente no quiero decir que paséis vuestros días estudiando como si nada estuviera pasando, porque la normalidad, como he dicho, se ha roto y no es razonable que actuéis como si lo que pasa a vuestro alrededor no os afectara también. Pero que las cosas no se hagan como antes no significa que desaprovechéis este tiempo.

    En primer lugar, me gustaría que aprendierais a valorar, en esta situación de crisis, lo que es importante. Si vosotros estáis bien, si vuestras familias lo están y vuestros amigos también, aprended a valorar lo que es simplemente eso: estar bien. Estar confinados en casa es un mal menor en estos tiempos. Aprended a dar valor a lo que verdaderamente lo tiene y dejad de dar valor a aquello con lo que enredamos nuestra vida y no lo tiene.

    En segundo lugar, me gustaría que entendierais algo que es fundamental para este tiempo de aprendizaje: es importante que sigáis trabajando, pese a lo dicho anteriormente, en las cosas de clase, pero no tanto por lo que vais a aprender haciendo ejercicios o porque luego tendréis un examen y habrá una  nota, sino porque ahí os vais a probar a vosotros mismos en vuestra condición de estudiantes. Sabréis lo que es estudiar cuando lo hagáis por un cierto deber y luego por una cierta satisfacción.  Demasiado acostumbrados estáis a que todo lo que se hace en clase sea fruto de un esfuerzo tremendo que viene exigido exteriormente. Hemos montado todo un sistema de refuerzos, positivos y negativos, para que hagáis las tareas, para que estudiéis, para que, en definitiva, aprendáis. Pero para un estudiante, el verdadero y más válido de los esfuerzos no puede estar ahí, en el hecho de que siempre tengan que decirle lo que tiene que hacer, sino en él mismo. Dicho de otra manera, el estar en casa, confinados, debería llevaros a aprender a ser más autónomos, a buscar en vosotros la razón por la cual os dedicáis a esta tarea. Es importante, por ello, que sigáis en vuestra vida cierta rutina, ciertos horarios y que hagáis lo que dicen vuestros profesores, sin agobiaros, manteniendo la calma pero sin abandonaros a la pereza o la eterna distracción de los juegos y los móviles. Haced vuestras tareas con sentido, rigor y voluntad. Si aprendéis a  hacer las cosas por vosotros mismos en medio de esta extraña situación, donde lo exterior ha sido por un tiempo clausurado, aprenderéis una de las más difíciles lecciones en toda educación.

    En tercer lugar, me gustaría deciros que en este tiempo en el que estáis en casa asumáis responsabilidades en la convivencia con vuestros padres y hermanos. Y la principal responsabilidad que tenéis que asumir es no ser motivo de preocupación para los demás. Colaborad en las cosas de casa, no como si fuera una ayuda que prestáis, sino como una participación fundamental y necesaria en las obligaciones que nacen del vivir juntos. Ya que no os excluís de los beneficios que os procurar el vivir con los demás, no lo hagáis tampoco de sus obligaciones. Muchos de vuestros padres estarán preocupados por sus propios padres, por el mundo que llegará después de todo esto, por sus trabajos, etc. Desde vuestra responsabilidad no seáis una carga para ellos en estos días. Nada nos alegra más a los padres que ver que nuestros hijos son dueños de su propia vida y que pueden orientarse en ella sin nuestros castigos ni nuestras regañinas. Nada nos alegra más que ver que, en situaciones difíciles o excepcionales, nuestros hijos se abren caminos en la vida.

    Os animo, en definitiva, a tomaros este tiempo de confinamiento como un tiempo para aprender lo que dentro del trajín diario de nuestro sistema educativo es difícil aprender. Sed generosos con vosotros mismos y con los demás, daros tiempo para pensar, leer, hablar… No huyáis evadiéndoos del tiempo que os ha tocado vivir. Buscad momentos para el silencio, para el aburrimiento, para la lectura, para estar con vosotros. Apagad, al menos algunas horas, los móviles, las consolas, la televisión y dejad que la vida real, esa que está llena de alegrías, sufrimientos, silencios y sentidos, pueda tener su peso en vuestras vidas.

   Muchas gracias por vuestra lectura y, aunque otras muchas cosas me gustaría deciros, basten ahora estas. Que la vida pueda hacer que volvamos a vernos pronto en nuestras clases pero con la madurez de haber vivido, soportado y aprendido de esta situación de emergencia que nos ha puesto a prueba a cada uno de nosotros y a nuestra sociedad.

Mucho ánimo, que la vida sigue siempre adelante.                                                                                                                                                                                                                                                                                   Atentamente:

                                                                            Vuestro profesor