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                                                  Para Pilar

Si alguien ha visto un trozo de Paraíso, ruego que me lo haga saber a la mayor brevedad posible. Necesito encontrarlo con urgencia. Tengo que descansar un tiempo de esos pequeños infiernos que crecen dentro y fuera de mí. No tiene por qué ser grande ni tampoco bonito, me basta con un rincón donde pueda sentarme y despreocuparme…

Porque, con un trazo de Paraíso entre las manos, puedo recuperar la confianza, la ingenuidad o la inocencia que son necesarias para vivir y amar. Una vez escuché que en el Paraíso las palabras no tenían doblez ni engaño y así decían justo lo que eran las cosas. Y esto es ahora lo que necesito: palabras sencillas que nombran las cosas como silencios.

Tengo que pedíroslo a vosotros, porque hasta ahora lo único que sé es que para hallar restos de Paraíso no hay aplicaciones disponibles, ni estos están señalados en nuestros mapas, ni hay para ellos una particular cartografía. Estos restos están entre los lugares que habitamos todos los días. Sólo hay que fijarse y ver, porque están ahí, como experiencia, en medio de nuestras cosas. Ahora bien, escuchadme, los hallaréis sólo donde las palabras no tienen caída, donde su verdad no está a las espaldas y donde no hay que cargar con el peso de lo que dicen y no es.

Pero os ruego que si por casualidad, o por desasosiego, os hacéis con uno de estos trozos, no me lo comuniquéis por teléfono, ni por mensajes ni, a través de las redes sociales, porque la técnica, que nos pone en comunicación con todo el mundo, nos aísla de lo más cercano. No quiero que lo digáis de este modo porque al igual que yo sabéis que parte de los infiernos de nuestro mundo han crecido al calor de ese falso paraíso de las comunicaciones.

Si lo halláis, conservadlo, llevadlo con vosotros y si alguna vez, nos encontramos, compartidlo conmigo. Porque el Paraíso, definitivamente, es esto: encuentros francos, palabras sencillas y silencios que son como palabras vencidas. Y luego, sin demorarnos mucho, sigamos nuestros caminos.

Hoy lo pido yo pero mañana quizás lo necesitéis vosotros, porque, de vez en cuando, todos necesitamos, al menos, de un trozo de soledad que pueda llenarse de palabras y sentidos.