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A Ángel Luís, que fue como un hermano y será siempre un amigo.

“Democracia real ya”. ¡Vaya con la expresión! Palabras que nos sumergen en la noche  de la política, de la metafísica y del tiempo. ¿Acaso sueñan los manifestantes del 15-M con arquetipos metafísicos? ¿Será que cansados de tanto rebaño han soñado la oveja que está más allá de las estrellas?  ¿O será que cansados de tantas  ideas y modelos han caído  en la inquietante realidad del instante?  ¿Son platónicos o nietzscheanos? ¿O quizás, en la unidad de realidad y tiempo, han emergido en el movimiento de una renovada dialéctica? ¿Son, en este caso, marxistas? ¿O, sin dialéctica, son sólo un movimiento de un viejo socialismo utópico?

Sea de una manera u otra, nadie negará que el llamado movimiento del 15-M  nos sumerge en profundas cuestiones metafísicas. Y no porque nosotros lo pensemos así sino porque este movimiento social se ha pensado  a sí mimo metafísicamente. Han visto que la democracia de partidos es aquello que, perdiendo la realidad, se ha hecho de pura apariencia,  de puro humo consagrada por una liturgia  con aromas que no son de este mundo. Ese mundo de la política es para ellos, justamente, un no-mundo, un mundo perdido, o, mejor dicho, una perdida de mundo, que manifiesta la mundanidad perdida de toda una generación. Sin trabajo y con estudios, con ideas y formas -esto es, formados- pero sin un qué de mundo, la política, la gran política, se ha ido al lugar de las almas mientras sus cuerpos, con sus miserias, han ocupado plazas y calles. Sin trabajo ni dinero han perdido la poca mundanidad que llevaban a sus espaldas. Con sus chozas y cabañas, con sus litros de cerveza y sus pancartas han ocupado los corazones de las ciudades unidos en un sentimiento: ¿por qué las necesidades de los cuerpos sólo entran como ideas en el escenario político? Para mostrar que no son ni ideas ni datos ni partes programables han llenado  con sus cuerpos los más señalados lugares públicos.  Una democracia es real cuando no toma las necesidades de los cuerpos sólo como ideas de idearios políticos. Ese “ya” de la “democracia real ya” apunta a ese tiempo que no afecta a las ideas pero que hace viejos a los cuerpos. ¿Para cuándo si no la democracia? ¿Para cuándo si no los cuerpos?

Pude verlos en Granada. Me asomé y los vi. En su liturgia, con  sus coros y sus plegarias, llevaban -ahora veo que no por casualidad- unos cristos, unos crucificados blancos que, supongo, eran sólo otros cuerpos. También, por cierto, el de un cerdo montaraz  en un carrito de niño. (Los cuerpos vivos o muertos pesan.) Para ellos, seguramente, eran cuerpos políticos, eran el cuerpo político. Llevaban cuerpos entre sus cuerpos porque no podían llevar el cuerpo de nuestro sistema político. Y, como en la liturgia que adelanta y prepara el tiempo, procesionaron cadáveres, justamente, un domingo antes de las elecciones.  No puede ser que la vida política de un ciudadano sea sólo un voto, un voto que no es sino una papeleta ya resuelta y fijada antes de votar  por los partidos políticos. No. No puede ser.  La ecuación sagrada -un hombre es un voto- es sólo la identidad de las ideas, de las ideas que fijan los partidos,  pero que olvida las diferencias de los cuerpos. Pocas pancartas y muchos pequeños letreros y consignas de indignación. No quieren participar en política por ello han ocupado las calles al filo de las elecciones. Recelan del fundamento de la democracia en la ecuación sagrada por ello su manifestación es la de un movimiento, la de un puro movimiento que pone bajo sospecha la soberanía de los partidos políticos, o mejor dicho, la de los aparatos de los partidos políticos. Aparatos que pertenecen a sistemas y sistemas que se integran en el sistema. Movimiento, puro movimiento, frente al poder del sistema. Parecen gritar: ¡Ya está bien! ¡Que nos devuelvan el espacio público sin aristas ni límites ni marcas de partidos políticos! ¡Queremos  limpiar el espacio público de tanto aparato que consume el oxígeno de nuestras vidas para devolvérnoslo cada vez más contaminado!  ¡No podemos aceptar de buenos modos tantas corrupciones y tan permanentes mentiras!  ¡Damos pan al sistema para recibir, en cambio, migajas, eso es, sólo migajas! ¡Fuera leyes populistas que seducen y levantan el ánimo de almas blancas para luego hundirlas en la negrura de sus cuerpos!

Efectivamente, el movimiento de movimientos del 15-M se ha pensado metafísicamente, pero no en el ser de las ideas sino en el ser de sus cuerpos. Son sus cuerpos y no sus pocas y pobres ideas lo que les ha llevado a la  metafísica.  Muchos políticos de oficio  negarán esto, pero es que ¿quedan ideas en política? Con imputados en las listas que organizan el poder democrático, ¿cómo pueden defenderse ideas políticas? Son ellos, los profesionales de la política, aquellos que han indicado el camino de la nueva política: si se acepta un regalo o un soborno en nada piensa menos un político que en las ideas. Los políticos que huelen a corruptos están quemados por dentro y ya no tienen madera para exigir que se  piense en ideas políticas. Los políticos seducen con sus ideas mientras dan vida a sus cuerpos. Las ideas quedan pero las generaciones se pierden porque los cuerpos se hacen viejos.  Una generación se ha perdido y probablemente otra  lo hará. Que una generación se pierde significa que se la ha expropiado de su mundanidad. Si el sistema no ofrece trabajo sólo queda la desesperación de los cuerpos. La era del fin de trabajo, como la llamó Rifkin, ha hecho pensarse a una generación metafísicamente. Metafísica del instante y del destino común, y metafísica, sobre todo, de la técnica que hace posible la llamada y la convocatoria, la reunión y la realidad. ¡Democracia real ya! Por fin un movimiento que ha salido de las profundidades más cavernosas y se ha hecho visible en la plaza más platónica de España para poner en claro a cuantos viven  a la sombra del sistema. El movimiento que ahora ya habita en el corazón de, al menos, las grandes ciudades, guarda el verdadero ser de la política, un ser que no es el de los arquetipos de las ideas de los aparatos de los partidos políticos, sino  un ser que es puro ser, pura nada, aún falto de determinación política,  y que se expresa en la fuerza de su sólo movimiento.