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No es infrecuente oír que, llegado el momento, Ciudadanos tendrá que posicionarse ideológicamente y que la actitud de contención que tiene hasta el momento tendrá que desequilibrarse orientándose, finalmente, hacia la derecha o hacia la izquierda. Ciertamente, en el espectro ideológico de nuestro país, hay cierta urgencia por saber si Ciudadanos virará desde su posición liberal hacia el conservadurismo o hacia el progresismo. Desde los partidos políticos tradicionales y también desde muchos de los medios de comunicación, se lanzan diversos reclamos a Ciudadanos para que defina qué lugar va a ocupar en el escenario político que saldrá de las urnas en las próximas elecciones generales.

Quienes reclaman de este modo una posición para Ciudadanos en el espacio político que definen los términos “derecha” o “izquierda” olvidan que, de hecho, al reclamarla, ellos mismos abandonan en el discurso el centro al que dicen, más o menos, pertenecer. Efectivamente, sólo cobraría sentido la afirmación de que Ciudadanos es de derechas o de izquierdas, en el sentido en el que suele hacerse, si quien lo afirma sitúa a su eterno adversario en un extremo para, a continuación, poner ahí, fuera del centro, a Ciudadanos. Pero para esto, quien hace la afirmación tiene que situarse en un extremo y, si este no es el caso, el partido opuesto ya se encarga de situarlo ahí para ubicar en el extremo opuesto al suyo propio también a Ciudadanos. Pero, admitamos que este razonamiento tiene algo de artificioso y que el uso de los términos “derecha” o “izquierda” no hacen referencia tanto al lugar de los partidos en el espacio ideológico cuanto al modo en el que podemos orientarnos políticamente. Si esto es así, entonces la cuestión que se plantea a Ciudadanos, pongamos por caso, es si orientará su acción política hacia el liberalismo y/o conservadurismo o bien hacia el intervencionismo y/o progresismo. Pareciera, de este modo, que los viejos términos “derecha”  o “izquierda” serían irrenunciables, pese a todo, para comprender el fundamento y la orientación de la acción política, y, en este sentido, más que definir el lugar de los diferentes partidos como resultado de una oposición en el espacio político, mostrarían los diversos sentidos y orientaciones que pueden tener las decisiones y las acciones políticas.

Ahora bien, si esto, a su vez, es cierto, entonces la cuestión importante es si es irrenunciable el uso ideológico que la división derecha/izquierda ha tenido en nuestra política. Sostengo que dentro de nuestros Estados democráticos y de derecho lo que verdaderamente habría que tener en cuenta para orientar la acción política y definir a los partidos políticos es aquello que hace posible el propio Estado de derecho y la democracia: la Constitución. Para orientar la acción política, más que mirar las ideologías de los partidos habría que tener en cuenta las dimensiones normativa, valorativa y procedimental  que entraña la Constitución en un Estado democrático. Creo que Ciudadanos arraiga aquí sus bases para orientar su tarea política. Lo demás, aun teniendo un papel, es absolutamente prescindible y ha de quedar en un segundo plano. No porque quisiera estar en el centro político se define Ciudadanos como constitucionalista sino, al contrario, porque alberga dentro de sí, desde su fundación, todo lo bueno que nos ha traído a España la Constitución del 78 es por lo que ha terminado situándose, sin entrar en el juego de la exclusión, en el centro. Ciudadanos es muy consciente, a diferencia de otros partidos, que para jugar limpio en el espacio del diálogo en democracia hay que delimitar y definir las posiciones no con elementos ideológicos decimonónicos sino en virtud de la responsabilidad de cada uno de los actores políticos con respecto a los fundamentos jurídicos y políticos de nuestra democracia. Si superáramos de una vez y para siempre la oposición entre derecha e izquierda que, en nuestra reciente historia, nunca funcionó de hecho como una mera orientación para la acción sino como el principal elemento ideológico de exclusión del espacio público, entonces, seguramente, preservando el lugar común al que nos convoca la Constitución, las diferentes fuerzas políticas podrían llegar a acuerdos de Estado que, en el horizonte de los desafíos de nuestro tiempo, parecen más necesarios que nunca. Porque, en definitiva, si se analiza con cierta atención, lo mejor de cada una de las ideologías que configuraron nuestro mundo moderno ha quedado cristalizado en la capacidad que las Constituciones democráticas tienen para orientar la política. Las demandas de nuestro tiempo nos fuerzan a superar la confrontación como un mecanismo ideológico de exclusión como forma de hacer política y nos exigen que avancemos en la configuración de un proyecto común para España a través del diálogo.

Ciudadanos creo que es el partido que mejor ha entiendo estas nuevas demandas que hoy nos son exigidas en el ejercicio de la política.  Por ello, vistas desde aquí las cosas, no es extraño que volviera a Cádiz para dar a conocer el horizonte de su propuesta política cuando ya acaricia ocupar un lugar determinante en el Parlamento. Como es sabido, allí en las Cortes de 1810-1812 se transformó el significado del viejo vocablo “liberal” de linaje aristocrático en el concepto que haría posible la transformación del viejo régimen absolutista en el régimen político del Estado de derecho y de la democracia. Dijo Groce, y lo recordó hace ya algunos años  Juan Marichal en El secreto de España, que la transformación del significado del concepto que derrotó las categorías políticas del absolutismo vino a tomar cuerpo en aquella nación que más cerrada había estado a la cultura moderna y a la Ilustración.  En aquel entonces, la palabra “liberal” vino a representar en España el contenido semántico del concepto de nación política con el que fuimos igualados políticamente como ciudadanos por ser sujetos de los mismos derechos. Ante el reto y los desafíos externos a los que hoy, querámoslo o no, tenemos que atender, nuestra tarea política más urgente es recuperar la unidad en la igualdad de nuestra condición política. En este sentido creo que Ciudadanos, en esta España tan fragmentada, tiene un papel político determinante, ya no sólo dentro del trabajo de las instituciones sino también fuera de ellas forjando una verdadera cultura democrática que supere en el espacio del diálogo la vieja y excluyente oposición entre la derecha y la izquierda.