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Hemos visto, recientemente, como Ciudadanos Granada ha firmado un pacto para la gobernabilidad del Ayuntamiento con el PP y otro con el PSOE para la Diputación. Son, en principio, acuerdos marco que facilitan la gobernabilidad de la lista más votada, que dan estabilidad a ambas instituciones y que instauran principios generales de regeneración democrática, de actuación económica, de participación política y de control para la corrupción. Pero son pactos que también suscriben acuerdos sobre medidas políticas concretas que, de una u  otra forma, eran exigencias  de los propios granadinos. Aquí se inscriben las 50 medidas políticas acordadas, con carácter programático, con el grupo municipal del PP. Con estos acuerdos Ciudadanos Granada se ha comprometido de hecho con esa nueva forma de hacer política de la que habló antes de las elecciones.

Y es que, efectivamente, nuestra tradición democrática no ha brillado, precisamente, por cultivar una política de pactos. Es verdad que, a lo largo de estos años, ha habido fuerzas políticas que  han firmado pactos de gobierno. Pero, si se analizan, estos se han llevado a cabo básicamente siguiendo dos estrategias: dar apoyo institucional a cambio de concesiones económicas o bien excluir de las instituciones a determinadas fuerzas políticas, aun teniendo un respaldo mayoritario de los ciudadanos en las urnas. La primera estrategia, aunque parece que da estabilidad política, a largo plazo la socava, pues, como señala Rawls, genera diferencias de trato que son tomadas como injusticias que no deben ser toleradas. La segunda, por su parte, aunque sea tenida por democrática, en el fondo muestra la prepotencia de aquellos partidos que, pese a sus discursos, interpretan, un tanto a su antojo, el principio fundamental de  la representatividad política.

Con Ciudadanos, como muestra el caso de Granada, se ha empezado a hacer política de nueva forma al concederle a la firma de pactos un nuevo sentido y un nuevo alcance. Efectivamente, los pactos son los principales instrumentos para renovar la vida política de la democracia. Ahora bien, para que esto sea posible, es necesario que estos se hagan teniendo en cuenta las siguientes condiciones: i) facilitar el gobierno de la lista más votada, porque eso muestra el mayor de los respectos al cumplimiento del principio de soberanía popular; ii) mantener fuera del contenido de esos pactos el trueque de estabilidad a cambio de cargos políticos y beneficios económicos; iii) valorar el pacto no en función del reparto del poder sino del principio normativo que en él queda recogido y que debe orientar la acción política; y iv) velar para que se lleve a cumplimiento la exigencia inscrita en el pacto, para lo cual es necesario que quien facilita el gobierno e imprime el sello de la exigencia acordada no participe en su ejecución o, lo que es  lo mismo, se mantenga  vigilante de lo pactado en la oposición. Estas han sido, básicamente, las condiciones con las que Ciudadanos Granada ha firmado el pacto para la estabilidad política del Ayuntamiento y de la Diputación.

Ciertamente, con la ruptura del bipartidismo, se abre para el gobierno de todas las instituciones una nueva manera de hacer política, una nueva manera a la que estamos  obligados, pero una manera a la que habrá que ir dándole la forma requerida para que pueda ser el instrumento de gobierno más adecuado para aproximar las decisiones políticas a las demandas de la ciudadanía y para conseguir, sobre todo, que gobiernen más las leyes y los programas pactados que los partidos políticos. El trabajo es arduo y difícil porque, como hemos señalado, en nuestra tradición democrática los pactos realizados parecen haberse alejado demasiado de la senda abierto por aquel consenso primero que dio origen a la democracia. En Ciudadanos recae, visto el panorama de los demás partidos políticos, la tarea, la responsabilidad y la capacidad de proseguir el camino de la renovación desde el espíritu de concordia y exigencia que trae consigo la firma de acuerdos políticos. Que la ciudadanía vaya, igualmente, comprendiendo esto garantizará que nuestra democracia crezca vigorosamente con la savia nueva que la alimenta desde el fondo de sus raíces. Es el momento de abrir el diálogo tan descuidado, entre los radicalismos de unos y los solipsismos de otros, al renacimiento de esa cultura política del pacto en medio de esta tierra que, olvidándose del diálogo, se nos ha quedado seca y yerma.

Publicado en Granada Hoy el 15 de Agosto de 2015