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             “Aun cuando no existieran (estas) razones para la moderación, nada                hay mas desacertado que ese espíritu intolerante …” Hamilton

Después de una jornada de trabajo, el Inspector se acercó a mi mesa de trabajo para despedirse. Me tendió su mano mientras, informalmente, hablaba con el Director. Entonces, al girar su mirada hacia mí, le dije: “Si desea un café, es el momento”. Amablemente declinó la invitación excusándose en que tenía mucho que hacer. Pero, justo en el momento en el que se disponía a salir, entró un compañero, de todos sabido, muy amigo suyo que expresamente se acercó para invitarlo a ese café de media mañana. La escena habría pasado totalmente desapercibida si en el rostro del Inspector no se hubiera adivinado un deseo de complacer a su amigo gozando distendidamente de ese rato para la amistad, ese rato en el que nos desvestimos de la seriedad del trabajo y la conversación vaga sin el rigor del deber. En aquel momento su mirada todavía reposaba en mi desorganizada mesa así que, al  levantar su mirada y cruzarse con la mía, me vi impelido a tener que decir algo para llenar el desajuste de sus palabras con la expresión de su deseo: “En la vida lo sabio es saber cuando uno tiene que cambiar de opinión”, se me ocurrió decir. Así, al verse sorprendido con tal ocurrencia, con humildad,  grandeza y sin grave pesar aceptó su cambio de opinión y todos nos fuimos a desayunar.

Esta escena que, guardaba en mi memoria, se ha presentado, casualmente, cuando al abrir el buzón de mi correo he encontrado varias octavillas de publicidad acusando al candidato a la alcaldía de Granada por Ciudadanos de haber pertenecido en su pasado al partido socialista. Mientras unos se han empeñado en desmontar a Ciudadanos con la experiencia que han acumulado, en poco tiempo, de desmontarse a sí mismos; otros hacen malos montajes para desacreditarlos. Y así no ha sido extraño ver, por ejemplo, que tanto miembros del PP, como de Podemos, como del PSOE  han compartido los mismos videomontajes contra Ciudadanos. Digo aquí “malos montajes” porque, como todo el mundo sabe, entre otras cosas, es mala publicidad aquella en la que se habla de sí trayendo a presencia el adversario. Con lo cual, como ha mostrado Lakoff, lo que se pone en el punto de mira en la discusión pública incluso por partidos tan contrarios, finalmente, señala, en la contienda, la pauta de la agenda política. Algo de esto debe Ciudadanos a aquellos a quienes les quita el sueño.

Pero, dejando ahora esta cuestión a un lado, el hecho es que ahí, en mi buzón, estaban esas octavillas que habían sido introducidas, bajo las órdenes de algún mando, como artillería política. Han querido apuntar, con ella, a este candidato, el cual cometió el grave delito, para una futura gestión de la ciudad, de tener un pasado y un pasado político. Junto a las viñetas de ese tebeo sin gracia puede leerse lo siguiente: “Tu voto no es socialista, que no te engañen”. Presuponen –siguiendo, probablemente, otro de los desaciertos de quien actúa a golpe de estadística– que mi buzón está en la zona del PP y que en ella ya está definido ontológicamente lo que es un voto en función de una pertenencia. En otros términos, quien escribe este tipo de cosas es como si entendiera que un voto es el recibo que un partido da tras vender a los electores una propiedad. Yo, como ciudadano, como cualquier ciudadano, voto a quien quiero, a quien me convence o en quien confío. Porque, habrá que decirlo, el engaño en un sistema democrático no viene de quien cambia  su voto regenerando el espacio político sino de quien con él mantiene a partidos que consideran a los votantes como meros instrumentos para legitimarse, sea cuales sean sus políticas, en el  poder.  Ante este hecho me pregunto quién será el “ideólogo” que propone tales maneras de hacer política y me pregunto si esta persona no habrá tenido ojos para ver, más alllá de las encuestas y de los cálculos, lo que está ocurriendo en el nuevo espacio político. Ciertamente, lo que queda claro es que este pepé de Granada no es un buen representante de un partido liberal ni es un buen ejemplo de partido gobernado por valores conservadores.

Pero la cuestión es también un tanto ridícula porque el candidato a la alcaldía de Granada no sólo no ha negado que perteneció al PSOE sino que este pasado ha sido aceptado y reconocido públicamente por él porque, entre otras cosas, fue un pasado limpio. Es propio de Ciudadanos que el que llega no se vea sometido a un examen acerca de su pasado ni se le pida que dibuje el árbol genealogicopolítico de su familia. Actuaciones como estas nos sitúan en el más degradante escenario de la vieja política: aquel en el que el pasado es lo determinante para ocupar los cargos públicos y enjuiciar a una persona, como si, en las decisiones que un hombre pudiera tomar y en los proyectos que pudiera emprender, tuviera que cargar con el peso atávico de antiguas pertenencias familiares y, en esa carga, su acción ya no pudiera ser verdaderamente libre y por sí misma valiosa.

He visto  cómo el candidato Luis Salvador ha trabajado desde el inicio para hacer de Ciudadanos un partido que estuviera a la altura de las exigencias de la Granada que queremos. Es mérito suyo el haber levanto aquí un nuevo proyecto político para esta ciudad, mérito que comparte con aquellos que, por ejemplo, levantan una nueva empresa o inician un nuevo proyecto social. Antes de que Ciudadanos hiciera ruido  en las encuestas, antes de que se hablara de este partido en los medios, antes de que unos y otros  pusieran en él su atención -primero para hundirlo, luego, seguramente, para pactar-, antes de que Ciudadanos fuera algo relevante en el mapa de España ya, en la ciudad de la Alhambra, se forjó desde el partido de la Ciudadanía un proyecto para Granada. Hace aproximadamente un año me invitaron a su presentación, y allí pude ver a un equipo de profesionales que, más allá de proclamas y afinidades ideológicas, querían trabajar  para llevar a  esta ciudad, que duerme en el deseo de tanta gente, al lugar que se merece. Pegados a la calle, con pequeñas mesas informativas, con reuniones con los grupos o agentes de la ciudad, sin preguntarle nunca a nadie por su pasado político o su pertenencia, este grupo de Ciudadanos, preparados moral y técnicamente, han elaborado el mejor programa de gobierno para Granada. El candidato a su alcadía, como mi querido Inspector, cambió de opinión cuando las circunstancias lo requirieron. Por ello, más que algo de lo que él tuviera que avergonzarse, huir, u ocultar es la mejor prueba de que, a pesar de las viejas formas de otros, hay personas dispuestas a emprender la tarea de rehacer y de regenerar la vida política. Ahora queda que nosotros, los ciudadadanos, tomando conciencia de nuestra libertad y de nuestro poder, primero, no tengamos miedo de lo nuevo cuando lo nuevo es mejor que lo viejo, y, segundo, rechacemos con nuestros instrumentos democráticos esas mezquinas y bajas formas de hacer política que ya a nadie, que entienda la política como un servicio al ciudadano, pueden satisfacer.