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Tema 19, epígrafe 3: la fragmentación del arte. Aquí he tenido que frenar en seco. Primero, fueron unos borradores que, tras más de un año y medio, el Gobierno del PSOE aprobó en los últimos días antes de abandonar el Ministerio de Educación. El temario fue publicado el 18 de Noviembre. La publicación de los temas  en el BOE dejaba mucho que desear: nombres mal escritos, epígrafes repetidos, otros, por descuido, incompletos y otros en los que había imaginar qué habría querido decir el legislador –como yo llamaba irónicamente a la persona o personas a las que el Ministerio confió la tarea de llenar de epígrafes de los temas-.  Ahora,  curiosamente, revolotea sobre mi  cabeza uno de esos epígrafes: “Panorámica de las teorías sobre la democracia: las promesas incumplidas de la democracia”. A este precedía otro epígrafe titulado simplemente “Clarificación conceptual”  y otro que le seguía titulado “Planteamiento actual de la cuestión” y el tema que vertebraba estos epígrafes llevaba por título “Teorías sobre la democracia”. Vistas así las cosas, las teorías principales sobre la democracia serían  aquellas que hacían referencia a las promesas incumplidas de la democracia.   Se me ocurre, por ejemplo, que tendría que dedicarle un lugar preferente a la figura de Žižek. Pero dejemos ahora esta cuestión y seamos un poco más superficiales.

Uno de mis compañeros revisó los enunciados de los epígrafes y llenó una tabla con los errores ortotipográficos y yo mismo me tomé la libertad de escribir al Ministerio para hacerle llegar la tabla.  Comprobé que da igual lo que  comentes y lo que mandes porque, sea  lo que sea, el Ministerio  siempre da la misma respuesta-tipo.  El hecho fue que el Miércoles 28 de Diciembre se publicó en el BOE la única errata que los corregidores habían encontrado: “Gl del giro lingüístico” por “El giro lingüístico”.  Eso fue todo.

La aprobación de los temarios fue una de las últimas chapuzas del Gobierno anterior. Me extrañó sobremanera que el Ministro de Educación, Á. Gabilondo,  consintiera que los temarios fueran publicados de esa forma. Solamente podía excusarse a su favor que los viejos temas dejaban de tener validez en el 2012  y que, por ello, urgía, o bien su prórroga, o bien la aprobación de los temas que circulaban como borradores. El gobierno quiso in extremis  salvar los temarios porque, para la reforma del sistema de acceso a la función pública, a la que iban vinculados esos temarios, no había tiempo.  Está claro que no me gustaron, pero  me hice a la idea de que mejor es lo malo aprobado que lo bueno por aprobar. Así que rehicimos los temas que hasta ese momento habíamos elaborado y, de forma vertiginosa, nos lanzamos a redactar el resto de  temas.  Han sido unos meses de  febril trabajo  y nos hemos sorprendido a nosotros mismos haciendo relativamente bueno lo que, en un primer momento, nos pareció absolutamente malo.  Pero el 9 de Febrero me desperté con la noticia de que, inopidamente, el Ministerio había derogado los temarios y  fue entonces cuando frené en seco mientras redacta un epígrafe sobre la fragmentación del arte desde la perspectiva de los juegos de lenguaje de Wittgenstein.

            Y, ahora, que me estoy reponiendo de la agitación de este frenazo, y que no sé la  dirección que va tomar este camino, revolotea en mi cabeza la cuestión “central” sobre las teorías de la democracia y me pregunto todavía, en medio todavía de  este  aturdimiento, cuándo van a entender nuestros partidos que la mejor garantía de una democracia es el respeto a la ley  y que ese respeto debe estar por encima del propio poder de las batallas ideológicas de los partidos.  Si el Gobierno no quiere que haya oposiciones en las comunidades autónomas, que las vete, que tiene poder para ello, pero, por favor, que no  juegue, innecesariamente, con las leyes, que es lo que da  seguridad y tranquilidad a quienes más les afecta los cambios de decisiones en tiempos de zozobra y de crisis. No pueden cambiarse las reglas de juego sin pensar en las consecuencias que ello tiene, y sin pensar que, en algunos casos, es más lo que se pierde que lo que puede ganarse. Hubiera bastado con corregir las erratas, reformular los epígrafes mal formulados, pero no era necesario derogar los temarios.  Da la impresión de que nuestros políticos tienen poco respecto hacia aquellos que les hemos dado el poder con la única finalidad de demostrarse unos a otros que  tienen eso: el poder. Cada nuevo gobierno parece que tiene que ligitimarse en su ideología y hacer un gesto hacia sus votantes derogando leyes del gobierno precedente. ¿Hace falta poner ejemplos? Creo que es suficiente con aludir al Plan Hidrológico Nacional en el caso de PSOE y a la asignatura de Educación para la Ciudadanía en el caso del PP.  ¡Basta ya de batallas ideológicas en el campo de juego de la ciudadanía! ¡Que demuestren su poder para que aquello para lo que se lo hemos dado! ¡Que quiten, por ejemplo, las empresas públicas que no sean rentables y que sólo sirven para que los políticos “quemados” puedan seguir viviendo de la política! ¡Que eliminen o que reduzcan al mínimo las diputaciones provinciales si son un lastre que ya no tiene sentido en la España de las autonomías! ¡Que privaticen las televisiones públicas –sobre todo autonómicas y locales– si nos desangran los presupuestos! ¡Que acaben con la corrupción! ¡Que creen mecanismos legales y fiscales para que los que nos han robado devuelvan el dinero! Yo,  como tantos otros, no quiero  el perdón ni las buenas palabras, aunque éstas sean dichas en Noche Buena, a la vera de una chimenea y con voz regia, sino que  devuelvan lo robado a las arcas  públicas.  Para esto, y sólo para esto, cedo yo mi soberanía a las estructuras del Estado, y no para las ocurrencias ni las ideologías particulares de los partidos políticos. Fíjense mis lectores que para mí la promesa incumplida de nuestra democracia sería, sencillamente, dar cumplimiento a esto: al principio de igualdad ante la ley y, más allá de los intereses ideológicos de los partidos políticos, y el respeto a esa misma ley. Más que nunca en épocas de crisis nuestros políticos tendrían que mostrar sin tacha que ellos, como todos los demás ciudadanos respetan, teniendo en cuenta las consecuencias, el Estado de derecho. Sólo de esta forma se garantizaría, por otra parte, la estabilidad social que, hoy por hoy,  está, con razón, amenazada. ¡Por favor, exijamos una ética de la responsabilidad para las acciones políticas frente a una “ética”,  ya no de la convicción, sino de la pura oportunidad política!