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Sí, han leído bien mis lectores. El título de esta entrada  no es ZP y la CNT, ni ZP y la DGT sino ZP y la GGT, es decir, Zapatero y la Gramática Generativo Transformacional. Podría haber utilizado una regla de reescritura, tan querida por Chomsky, para reemplazar  este título tan general por este otro: “Zapatero y la semántica generativa” y, a su vez, con la misma regla, éste, por este otro: “Zapatero y Lakoff”. (Con el paso de las siglas al sintagma “Zapatero y Lakoff” remedamos la reescritura de las categorías sintácticas en la GGT). Esta forma tan poca ortodoxa de dar comienzo a mi entrada es sólo para advertir a mis lectores que Lakoff perteneció a la llamada “semántica generativa”  y que ésta, a su vez, nació dentro de los diferentes desarrollos de la GGT. La semántica generativa nació con la idea de superar el primer modelo de la GGT  en el cual Chomsky no dio un lugar para la semántica. En efecto, en el modelo de 1957 el Chomsky de Estructuras sintácticas no encontró un lugar para un tratamiento de la cuestión del significado. La gramática para Chomsky sólo podía tener el fundamento firme de la ciencia si se entendía sobre una base puramente formal, es decir, sintáctica. Pero, consciente de la importancia de la cuestión del significado,  dejó abierta la puerta en su modelo para que una teoría gramatical pudiera contener un nivel de descripción semántica. Si este fuera el caso esta teoría gramatical tendría que ser  evaluada más positivamente que aquella otra en la que sólo había lugar para reglas de reescritura y transformacionales, es decir, sintácticas.

Lakoff en 1963 retomó este problema en La estructura de una teoría semántica y dio a la semántica un lugar privilegiado dentro de una teoría gramatical: no sólo no adscribió un nivel de descripción gramatical para los significados sino que defendió que los elementos primitivos para construir una teoría lingüística no tenían una naturaleza sintáctica sino semántica. Bajo este principio fundó la llamada “semántica generativa”. Aquí se postulaba que la estructura profunda de una gramática, esa que Chomsky también diría que es innata y universal, no estaba formada por categorías  sintácticas sino semánticas. La estructura profunda, a partir de la cual pueden generarse las oraciones gramaticales, las oraciones correctas en una lengua, para los semánticos generativistas,  está formada  por primitivos semánticos. Por ejemplo, Lakoff llegó a suponer que adjetivos y adverbios formaban parte de la categoría general de verbos. Así “verbo” sería una categoría más primitiva que “adverbio” y “adjetivo”. Esto no se entiende si uno mira sólo el aspecto funcional de las palabras en la oración, pero sí puede entenderse cuando se aprecia que el contenido, el significado, de un adverbio puede generarse a partir de un verbo. La cuestión importante, sin entrar en detalle, es que la teoría del lenguaje, para la GGT, tiene como tarea no sólo explicar el funcionamiento de las palabras sino también  cómo  se generan a partir de unos elementos primitivos. Pues bien, Lakoff postuló que tales elementos no eran sintácticos sino  semánticos. De este modo, la estructura profunda de la gramática de  nuestro pensamiento tenía una naturaleza semántica.

Lakoff, profundizando en esta idea, supuso, que los significados tiene un origen metafórico y ello implica  que nuestros primitivos semánticos no son tanto los conceptos cuanto las imágenes que van asociadas a ellos,  imágenes que en muchos casos vienen pergeñadas por las metáforas. La metáfora no es sólo ni principalmente un recurso literario sino un utensilio básico para nuestro pensamiento.  De esta idea surgió el libro Metáforas de la vida cotidiana. Más que fijarnos en el uso de nuestros conceptos, tenemos que analizar las metáforas que usamos  para saber lo que pensamos. Es más, las imágenes asociadas a la imagen de una metáfora, las imágenes secundarias, diría yo, son también importantes para nuestro pensamiento. Por esta razón, quien quiera cambiar, mantener, manipular, el pensamiento ha de contar con las metáforas. No vale tanto la verdad de una afirmación desde un punto de vista racional cuanto la valoración positiva que hacemos de la imagen que puede llevar esa afirmación. No importa tanto si nuestras palabras se adecuan a la realidad cuanto la imagen que tenemos de esa realidad. Esas imágenes nos vienen dadas a través del lenguaje.  Pero, junto a este principio, Lakoff ha hecho valer otro que, para comprender su propuesta teorica, tiene tanta importancia como éste. Nos referemos a la teoría del marco que tan ampliamente ha sido aceptada en las ciencias cognitivas. Brevemente, el marco muestra el transfondo donde tienen lugar nuestros pensamientos, y también, igualmente, especifica el campo de juego donde se libra la batalla de los lenguajes. En resumidas cuentas cuando abrimos, utilizando la celebre metáfora wittgensteniana, la caja de herramientas de nuestro lenguaje encontramos sobre todo metáforas y marcos.  Ellos son el utillaje que hay que saber poner a trabajar en los discursos.

Estas ideas están expuestas en  el librillo de Lakoff  No pienses en un elefante que tan amplia difusión ha tenido desde la publicación en España en el 2007. Allí proponía que el pensamiento progresista americano había entrado en los marcos de discusión política de los conservadores, e instaba a los progresistas a que crearan, defendieran y sostuvieran sus propios marcos para el debate político. La cuestión es que cuando el debate se sitúa ya dentro de un marco, y no hay marcos ideológicamente neutrales en política, es muy dificil ganar la batalla del lenguaje en un marco ajeno. Por ejemplo, quien  sitúe su  discurso político en la estructura de un marco determinado, aunque  niegue explícitamente una tesis perteneciente a ese marco,  refuerza el conjunto de significados del marco donde tiene lugar su discurso. No hay éxito político para aquellos que ya se sitúan en un marco político diferente al propio. Por ello, quien tiene el poder de los marcos, tiene asegurado, pese a la disputa, el éxito. Si un candidato político A rebate la tesis de un candidato B, aun siendo  correcta su posición, refuerza el marco del candidato B si la refutación se hace dentro  del marco del candito B .  Esto  sucede  con los marcos  y pasa también con las imágenes. Si le dicen “no pienses en un elefante” no puede sino pensar en un elefante. Pesa más la imagen en el significado de la oración que la negación del pensamiento de esa imagen. Si la política se juega  en el terreno de las imágenes y de los marcos, y no de las ideas, entonces Lakoff  lleva irremediablemente razón.

Con la tesis del origen metafórico de nuestro lenguaje y con la tesis de que pensamos en marcos, Lakoff tiene ya un lugar consagrado no sólo en el terreno de la lingüística y de las ciencias cognitivas sino también en la teoría de la comunicación política. Pero si he hecho esa larga introducción a Lakoff desde sus orígenes generativistas es para no perder de vista, justamente,  esto:  el marco teórico donde nació Esto no es un elefante. ESte  ensayo ha sido ampliamente leído por los progresistas de nuestro país intentando encontrar vanamente en un “panfleto” una tabla de salvación para sus discursos políticos. Ya es de sobra conocido que Lakoff fue elegido  miembro del grupo de sabios que fichó Zapatero para la elecciones del 2008, y se dice que Torres Mora, buen conocedor de las ideas de Lakoff, y  asesor del presidente, impuso ese manual de supervivencia de comunicación para políticos a la cúpula del PSOE. No se si será cierto.  Pero yo no quisiera hablar de la influencia de Lakoff en el PSOE ni del crédito que pudo tener para Zapatero ni la participación de Lakoff en la fundación IDEAS  sino sencillamente de cómo vino a mi memoria esa caprichosa asociación entre este lingüista y nuestro presidente, ahora, en funciones. Esta asociación volvió a presentárseme cuando, paseando, pensé  escribir un post de despedida a Zapatero. Cuando la razón quiere ser regia y mandar en el pensamiento a mí, al menos, me sucede que  se presenta la caprichosa memoria con sus historias volviendo a las mismas imágenes por las que otras veces vagó mi  pensamiento. En la próxima entrega tendré que poner esta otra imagen en el marco que hoy día he dibujado para que quede ahí en el muro de nuestro Club como mi homenaje particular a nuestra Constitución en el día de su aniversario. Perdonen mis lectores si me despido hoy de ellos mostrándoles sólo el marco sin su imagen o, en una metáfora más arcana, la peana sin su santo. Más cercana  la Navidad pondré  esa imagen que me falta en su centro. Mientras tanto pueden aventurar mis lectores, si que alguno me quedara, la razón o la imagen por la cual  la teoría lingüística  de Lakoff  ha sido un buen marco para las imágenes de Zapatero.