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Pensé, malévolamente, dejar a mis lectores  en  las palabras del pró-logo, y pasar a una nueva entrada, pensando que ese intento por entrar en el lógos hubiera sido la mejor experiencia de una pregunta filosófica. Pero dejarles en las puertas del lógos habría sido burlarles,  en los caminos del conocimiento y de la verdad de los que hablara Parménides,  de la guía que la diosa muestra para caminar a través de todas las ciudades.  Mas mi intención es, desde nuestra irrenunciable modernidad, ya no sólo dejarles a las puertas de una elección  sino, como decía en mi anterior entrada, abandonarles  a  esa pregunta que no me dejó durante unos días, como diríamos volviendo a Platón, ni a sol ni a  sombra.

¿Pero cómo se entra en una pregunta? A mi me sucedió escuchando una conferencia de  la profesora Amorós  y en el uso que ella  hacía de la metáfora de las vetas para hablar acerca de la Ilustración. “Vetas de  Ilustración” era el título, y el discurso -me gusta imaginarme, ya que estamos en lo griego,  en la época de los sofistas y de Isocrátes donde los discursos eran esperados, queridos y temidos-, el discurso digo, se fue tejiendo de unas cuentas ideas que si no eran nuevas sí, al menos, empezaron  a dejar intranquila mi alma. Que el alma se vuelve intranquila se percibe porque uno ya no está a gusto simplemente oyendo y las cómodas butacas empiezan  a pinchar en el cuerpo.

Bueno vayamos ya al centro de la cuestión. La profesora  Amorós defendía, como sospechará el lector, que hay vetas de Ilustración en otras tradiciones filosóficas que no pertenecen  a lo que se ha considerado la principal tradición ilustrada.  Así,  son  “vetas de Ilustración” aquellos procesos críticos/reflexivos, que fuera de la clásica tradición ilustrada, sirven de apoyo a la emancipación, y, particularmente, como es sabido, ella se centra en la emancipación de la mujer. Pues bien, estas vetas de Ilustración, que podrían encontrarse dentro de  la propia tradición moderna europea -piénsese, por ejemplo, en Lessing, Hamann, Herder o Mendelssohn- son dejadas a un  lado y, en su conferencia, la profesora Amorós  se centró  en aquellas tradiciones que propiamente no son modernas. Así,  volvió a aquellos primeros momentos de la filosofía griega  y  nos habló de la sentencia de Anaximandro, de su sentido de la justicia –diké- y de la injusticia –adikía-, y lo  vinculó al principio del ápeiron y la emancipación: que lo in-definido sea principio significa que  se abre un télos para señalar a toda situación determinada como no sujeta al principio del lógos, y de esta manera, lo injustamente determinado puede ser sometido a ese proceso crítico/reflexivo indeterminado que impone el principio del ápeiron. Esta suerte de dialéctica negativa incoada ya casi en el origen de la filosofía griega sería una primera veta que encontraríamos, siguiendo con la metáfora, en esa mina que es la pluralidad de las tradiciones críticas más allá, en este caso, de la tradición del  Siglo de las Luces. (No puedo profundizar más en la sentencia de Anaximandro pero si algún lector quiere  le aconsejo que lea el clásico comentario de Heidegger y también, en esa línea de interpretación ontológica, las páginas que Cornelius Castoriadis  ha dedicado al filósofo presocrático).

Pero, sin duda alguna, la veta más gorda, la veta que la filósofa ha encontrado, seguramente, abriendo bocaminas a partir de la galería principal de la historia del pensamiento, está dentro del pensamiento árabe. Sí, así como suena. No se extrañen mis lectores que a mí también me sorprendió. Encontrar vetas de un pensamiento emancipador feminista dentro de la tradición filosófica árabe. Es, por lo  sorprendente de la cuestión, sin duda, uno de los mejores hallazgos que guardaba nuestra mina, y que, por lo que puede apreciarse, habría  sido celosamente escondido como un tesoro real por los sátrapas  al pueblo. Hay, según a Mohammed Abed Al-Yabri, una Crítica de la razón árabe, como ha habido una Crítica de la razón pura, o una Crítica de la razón práctica, o una Crítica de la razón instrumental, o incluso, una Crítica de la razón lúdica. Pues bien, en esta nueva forma de llevar a cabo un Juicio acerca de la razón, Mohammed Abed Al-Yabri, ha hecho una nueva lectura del legado filosófico andalusí encontrando en autores clásicos como Averroes elementos para llevar a cabo una crítica al fundamentalismo árabe. Esta crítica tendría como uno de sus ejes una crítica al pensamiento analógico que interpreta el futuro desde las coordenadas del pasado. Con la crítica a la analogía, creo que podría decir nuestra autora, el proceso crítico, rompiendo el principio de la semejanza para pensar el tiempo, se abre a esa dialéctica negativa que ya anticipó Anaximandro  antes que Adorno y  Karl Barth. Por cierto éste último, parece que lo desarrolló para la teología inspirándose en  Kierkegaard . El segundo eje, y más interesante,  es aquel que identifica el proyecto de la modernidad con el proyecto de la libertad y éste, a su vez, con el proyecto político del liberalismo. En un artículo titulado “Por una ilustración multicultural”, que el lector puede encontrar en internet, nuestra autora, siguiendo a Mohammed Abed Al-Yabri, dice lo siguiente: “El problema del pensamiento árabe contemporáneo se plantea entonces en estos términos `cómo puede este pensamiento asimilar la experiencia del liberalismo antes o sin que el mundo árabe pase por la etapa del liberalismo?´”. La cuestión, como puede apreciarse, es cómo llegar a los resultados del  liberalismo sin pasar por el liberalismo, sin pasar, por el modo en cómo Europa pensó y concibió el problema de la libertad. ¿Cómo ser modernos sin pasar por el proceso de la modernidad europea? A esta altura del discurso, en esta entrada en el lógos, ya empiezan a surgir muchos problemas de lógica, de ética y también de política en torno, por ejemplo, a lo que se puede llegar a ser sin pasar por serlo, en torno, a cómo un sujeto puede entender la libertad moderna sin referencias a los clásicos filósofos modernos, y en torno a si se puede institucionalizar la libertad moderna políticamente de otra forma que no sea el Estado liberal. (Parece quienes hacen filosofía de esta manera que, aunque ven a la diosa griega, no escuchan lo que dice).

Pero sigamos un paso más en la argumentación que nos está descubriendo esta veta de Ilustración. Para Abed-Al-Yabri la cuestión anterior, para ser comprendida, tiene que tener en cuenta lo siguiente y  que  me parece sumamente interesante: habría que respetar la identidad de la tradición coránica sin reducirla a la tradición ilustrada moderna y a su específica relación especular del sujeto/objeto. Pero, al mismo tiempo, habría que luchar porque las identidades estuvieran abiertas a la reflexión crítica y no fueran impermeables al pensamiento. Lo interesante está en que, a partir de  aquí, puede entenderse el fundamentalismo, cualquier fundamentalismo, como una abdicación de esta función crítica del pensamiento  que llevar a dar una estima al  yo a través de un “ancestro común” donde se esconde  aquello que funda todo fundamentalismo. Dicho de otra manera, en el  fundamentalismo se vuelve a una identidad cerrada, que fundada en un “ancestro común”, da valor al yo sin posibilidad de mediación crítica. Y este autor, y con él la profesora Amorós,  encuentra, por ejemplo, en autores como  Ibn Hazm las bases para abrir la tradición coránica o árabe a una “democratización de las prácticas hermenéuticas del texto sagrado” en la medida que filósofos o poetas como el autor de El collar de la paloma, reclaman a cada hombre  la tarea de realizar su propia vida independientemente de los demás, lo cual, naturalmente,  no puede satisfacerse sin el esfuerzo de interpretar a la luz de la  propia vida el texto coránico.  De este modo, esa exigencia de vivir según los dictámenes de la propia vida sería una  de esas vetas que tendría que explotar el pensamiento para ir configurando una lectura de la modernidad abierta a otras culturas. (Cfr. Amorós C. “Por una ilustración multicultural” en Quaderns de filosofia i ciència, 34, 2004, pp. 67-79).

(Al tema de las identidades, de las identidades abiertas, cerradas o asesinas,  por utilizar la expresión de Amin Maalouf,  volveré en una próxima entrada a mi blog a raíz de mi reciente participación en un proyecto europeo sobre integración cultural, y que me llevó a la ciudad turca de Denizli. A partir de ahí abordaré la relación entre las identidades nacionales y el hecho de que estén fundadas no política sino religiosamente.  Pero dejemos aquí planteada  la simple hipótesis de que el grado de apertura de una identidad basada en una religión depende del grado de apertura de esa religión, y dejemos también planteado que la cuestión decisiva  es  entonces qué hace que una religión sea abierta).

Ahora, para terminar esta  entrada que vuelve a superar los límites de lo razonable,  tengo que apuntar  para tener el fresco completo de lo aportado por nuestra filósofa que  la recuperación de legados como el andalusí ya no son sólo vetas sino filones de Ilustración que bien podrían tenerse en cuenta para cualquier emancipación y, particularmente, para  la  emancipación de la mujer. A este efecto, la profesora nos leyó un fragmento del mismo Averroes, que el lector puede encontrar en el artículo antes citado, donde el filósofo reconocía que el estado de servidumbre en el que se encontraban las mujeres era  causado porque se las había privado de hacer grandes cosas. Con este texto nuestra filósofa aportó parece una prueba definitiva de que otras culturas,  otras tradiciones son ciertamente minas que tendrían que ser explotadas con el fin de abrir  nuevas galerías en la búsqueda de esas vetas de pensamiento crítico tan necesario para la liberación de servidumbres  como las de la mujer. Y con esta alusión a una explotación para abrir nuevos caminos de liberación a aquellos que son, a su vez,  explotados vuelvo a emplazar  a mis lectores  para que  permanezcan ahora en el corazón del discurso,  esperando a mi pregunta, y les pido que hagan las suyas propias –  incluso entregándolas a mi blog- porque, de esta manera,  quizás pueda yo  tener  la certeza de que  mi pregunta, al encontrarse con las suyas, no proviene de un azoroso pensamiento sino del lógos mismo, que nos convoca y quizás nos disloca en el ágora de esta pólis virtual.

                                                                            Domingo,  18 de Diciembre del 2010